24 de enero de 2015

ESQUÍ DE TRAVESÍA: SOTRES-PEÑA MAÍN (23-01-2015)

Al fin llegó la nieve!!!!
   He de reconocer que la paciencia no es mi fuerte, ni mucho menos, así que después de varios meses esperando una nevada curiosa la primera posibilidad de buen tiempo no se puede dejar escapar. Barajamos varias opciones y al final nos decidimos por acercarnos a Sotres. La otra opción era subir al Pontón pero  a primera hora la información era que estaba con cadenas. 
 
   Al llegar a Tielve encontramos la carretera cortada, había caído una avalancha que corta la carretera. Los operarios de carreteras están avisados y ya somos varios coches los que estamos esperando. Parece que estamos de suerte, al cuarto de hora aparecen los operaios de la fresa y salen a limpiar el alud. 
   A partir de aquí vivimos un espectáculo de lo más esperpentico que te puedas echar a la cara. Uno de los conductores contrariado por la actuación de los operarios de carreteras decide cruzar su vehículo en la carretera y cortar el tráfico hasta que la fresa vuelva y le limpie una explanada para poder dar vuelta a su vehículo. Vamos, digno de las mejores lineas de Valle-Inclan. El caso es que  perdemos más de una hora con la tontería y menos mal que no perdimos los papeles todos los que allí estábamos atónitos y cabreados ante la irracional reacción del elemento. Pero en fin Pilarín... vivir para ver. El caso es que retomamos el camino, el día tiene muy buena pinta, están abriéndose grandes claros y parece que hay bastante nieve... La carretera está muy helada y la cuña aún no ha limpiado pero la ballena blanca se defiende a las mil maravillas con sus zapatitos de nieve.
 Entre pitos y flautas cuando iniciamos la marcha en la curvona de sotres son más de las 11 de la mañana, una hora un poco extraña para comenzar una actividad pero... ye lo que hay.
 De todos modos el objetivo del día es Peña Maín, no es un recorrido muy largo y aún tenemos tiempo para ir sin prisa. Aunque como bien dice Carlos Soria madrugar es seguridad.
 Comenzamos el camino descendiendo hasta las invernales del Texu, es el primer día de esquí de la temporada así que no está mal comenzar dejándose deslizar para que músculos y programación mental motriz hagan una pequeña adaptación a estos nuevos movimientos.
   En estos primeros metros nos sorprende el estado de la nieve. Está muy pesada y casi parece que quiere tener algo de costra. Esperábamos un paquete de polvo recien caído pero.... sin ser malas condiciones en absoluto si que resulta curioso. No sabemos si será causa de algo de lluvia que haya caído en la noche, que se haya metido algo de niebla humedeciendo la nieve.... pero el caso es que la progresión se hace un pelín más pesada de lo previsto.
 Decidimos abandonar la pista de Pandebano para subir por uno de los atajos y ya se sabe que no hay atajo sin trabajo pero el entorno resulta especialmente mágico.
 No somos los únicos que vamos dejando la huella en el manto virgen de la nieve recién caída. Constantemente vemos rastros que aparecen y desaparecen entre los árboles.
 Antes de llegar a Pandebano nos desviamos en la Majada la Robre camino a Peña Maín. La cumbre del Albo ya se muestra en su totalidad liberada de las nubes que durante los últimos días la han mantenido cubierta. En altura la parece que hay bastante nieve.
 Al Oriental parece que le cuesta un poco más desprenderse de la nube.
 Mientras tanto nosotros a lo nuestro, según ganamos metros la nieve mejora, empezamos a afilar los colmillos pensado en el descenso y los giros que nos esperan.
 Ya estamos en la majada Soterraña, de momento el día es espectacular.... no hay viento, el sol calienta y el paisaje nos sorprende a cada paso que damos.
 Hemos salvado uno de los puntos con más inclinación del recorrido,el resto poco a poco y disfrutando del paisaje se sube sin mayores esfuerzos.
 No tenemos prisa y  dedicamos el tiempo necesario a disfrutar del espectáculo.
 El Picu es una de las cumbres que más remolonea para dejarse ver.
La huella que dejan los esquís en la nieve siempre resulta atractiva y evocadora.
 Al fín la cumbre de Peña Maín.
 La última rampa parece mucho más pindia de lo que luego será.
  Disfrutamos de la cumbre donde ya tira un poco más de viento pero aún así el día continúa siendo especialmente benévolo con nosotros. 
 
Ahora viene lo mejor, a girar!!!!!,  pero hay que  valorar un poco la mejor opción para aprovechar lo mejor posible las palas y tratar de remar lo menos posible. Decidimos acercarnos hasta la cumbre de Cabecina Quemada ya que habíamos visto una pala con orientación norte que tenía muy buena pinta y parecía dar unos cuantos giros más que Peña Maín.
 Quitamos las pieles, ajustamos las botas y a gozaaar!!!!!!
 La nieve está perfecta, permite hacer lo que quieras, o lo que puedas, sin preocuparte de mucho más que de disfrutar. La pala de Cabecina Quemada:
 Continuamos el descenso siempre por palas muy buenas, amplias, la nieve un poco mantequilla, el sol calentando y total visibilidad que más se puede pedir...
 Miramos atrás más que satisfechos con el descenso.
    La última pala antes de retornar a la pista de Pandébano ya tiene la nieve algo más pesada y está salpicada de pequeños desprendimientos del excedente de nieve que se acumula en las laderas, arboles y repisas pero no nos impide continuar exprimiendo hasta el final nuestras ansias de enlazar giro tras giro.
   Una vez en la pista ya toca algo de remada y dejarse deslizar lentamente. Estamos pletóricos, no nos creemos el día que hemos disfrutado y la calidad de la nieve que hemos encontrado. Quizás se vea acentuada ésta sensación por la  a larga espera con que nos castigó este invierno. En ocasiones no valoramos lo que se nos presenta sin esfuerzo y tenemos que  sufrir la ausencia para luego realmente valorar lo que tenemos. Después de casi un año sin esquiar en el monte me doy cuenta que las sensaciones que trasmite el foquear entre un bosque nevado, llegar a una cumbre con los esquís, enlazar un giro tras otro en nieve virgen y la buena compañía son de las más gratificantes que se pueden tener en la montaña.  Al lado de casa podemos disfrutar de excepcionales actividades y paisajes que muchos solo pueden soñar.

   Finalmente el track de la actividad quedó así:

14 de enero de 2015

NORTE DEL ESCAMELLAU (14-01-2015)


 Ya había ganas de sacar los pinchos a pasear un poco. Después de una larga temporada de anticiclones la nieve se ha ido replegando hasta cotas relativamente altas. Las condiciones son muy cambiantes y así como en altura la gente habla de nieve sin trasformar a media altura parece que hay buenas condiciones si buscamos la orientación adecuada.
    El plan es intentar los corrredores de la norte del Escamellau que tienen muy poca nieve pero su orientación norte nos hace pensar que pueden presentar un buen estado para pinchar un poco y quitar el mono. Dejamos el coche frente a Fresnidiello y la aproximación es un poco más larga de lo habitual ya que la pala que da acceso a los corredores está pelada de nieve.
 De los dos corredores casi paralelos de la norte nos decidimos por el situado más a la izquierda ya que el de la derecha parece tener los resaltes sin nieve.
 Un primer estrechamiento que se salva sin mayores dificultades ya nos mete en ambiente.
 Un poco más adelante tenemos otro pequeño resaltuco con la nieve bastante dura. Disfrutamos como enanos, las sensaciones son magníficas en éste tramo en el que el característico y seco sonido de  crampones y piolets clavandose  en hielo consistente nos trasmite gran seguridad.
 Finalizamos este primer tramo por palas un poco menos inclinadas en las que la huella bien marcada de otros montañeros nos facilita la progresión.
 Los dos corredores iniciales se juntan en uno solo durante unos cuantos metros. A continuación se vuelven a dividir en dos, nuevamente optamos por el de la izquierda lo que nos obligará a realizar una pequeña travesía.
 Aquí la nieve está un poco más blanda lo que implica un poco más de atención. Está opción de la izquierda presenta bastante más ambiente que la derecha ya que es bastante más estrecho y asciendes siempre pegado a una imponente pared caliza.



 Una última pala nos saca a una arista ya relativamente cerca de la cumbre.

 Acercándonos a la arista las vistas del macizo central de Picos son espectaculares.
 Peña Castil, Collada Bonita, el Cuchallón, Torre del Oso y del Carnizoso...
 Es el paisaje que nos acompaña en los últimos metros de ascensión hasta la cumbre del Escamellau
 Los últimos metros están bastante pelados de nieve. En la cumbre aparece ante nosotros el Macizo Oriental de los Picos.
 Descendemos un poco por la cresta Oeste para comer un poco más protegidos del ligero, pero frío, viento que sopla en la cumbre.

 El descenso continúa por la cresta Oeste hasta llegar a Horcada de los Grajos.
   De aquí para abajo el descenso ya no presenta mayor complicación, la canal del Valleyón está más cargada de nieve y para nuestra sorpresa bastante más blanda lo que hace la bajada un poco más cómoda.
   Finalizamos el día francamente satisfechos con la actividad realizada pero antes de llegar al coche ya tenemos la cabeza llena de nuevos proyectos....

12 de enero de 2015

PEN- LA HUERFANA- CAINABA CON EL GRUPO MONTAÑA PEÑA SANTA (11-01-2015)

   Está claro que la constancia, la ilusión  y la fuerza de voluntad  son fundamentales en cualquier ámbito de la vida,  pero en ocasiones hay que plantearse si  realmente el esfuerzo merece la pena o si más que acercarnos a nuestro objetivo no estaremos perdiendo un poco el rumbo.... Y la verdad es  que con ésto del monte hay ocasiones en las que somos bien tercos.....

 Una vez más la previsión meteorológica para el domingo era nefasta. Aún así 25 ilusionados, despistados o locos montañer@s se bajan del autobús en el pueblo de Pen cuando aún brillaba la luz del alumbrado público. Junto con las, cada vez más vagas, ilusiones de disfrutar de los paisajes de las montañas de Amieva y Ponga esa bombilla era lo único que brillaba en una mañana gris y húmeda.
   A los escasos diez minutos de caminata la nube se cierne sobre el grupo dejando caer una fina pero constante cortina de orbayu a la que respondemos con rápido despliegue de paraguas y chubasqueros. Un pequeño estallido multicolor que contrasta con la monocromía reinante hasta el momento.
 El grupo camina en un inusual silencio, refugiados bajo los gorros y paraguas. El run run de las habituales y animadas conversaciones se cambia por un constante chapotear y el chof chof de nuestros pesados pasos intentando no quedar atrapados en el barrizal. Pero no queda otra, aún nos queda un largo camino así que tratamlos de ambientar un poco el asunto con algún resbalón más gracioso de la cuenta  o intentando liberar a algún compañer@ de las garras de alguna espinera o cotollal.
 Según ganamos altura el camino mejora ostensiblemente y en ocasiones hasta parece que sobre la espesa nube hay un sol que intenta abrirse paso hacia nosotros.
 

  Poco a poco nos acercamos a la cumbre, aunque ya estamos empapados la temperatura no es nada mala y manteniendote en movimiento se van superando escollos a la espera de que el sol termine por vencer  su lucha con las nubes.

 En la cumbre nos detenemos un ratin para comer algo, hacer la foto de rigor y sin mucha más demora continuar caminando para no enfriar. En ésta ocasión la cumbre no nos ha brindado el privilegio de disfrutar de sus vistas pero conforme enpezamos a descender se empiezan a abrir esperanzadores claros en el cielo. Aunque es una lástima no haber tenido vistas nos reconforta el pensar que de aquí en adelante la meteorología nos va a dar un respiro.
 Y así fue, mientras comemos en Carangas el sol termina por vencer a las nubes y calienta nuestros entumecidos cuerpos para reeprender la marcha.
    Los paraguas y gran parte de los chubasqueros han desaparecido y rápidamente vuelve el run run de las conversaciones, las risas y el buen humor.



   En ésta ocasión la ruta fue guiada por Luciano. Todo un lujo contar con un gran conocedor de la zona que no dejó en ningún momento de de ilustrar nuestra cultura montañera con mil y una explicaciones de la geografía y las tradiciones  de la zona. En cada collado que pasábamos,  e incluso en aquellos en los que la niebla nos castigaba con más intensidad, Luciano nos describía las cumbres y paisaje que nos rodeaba casi con la misma nitidez del día más despejado que pudiésemos imaginar.



 Ya divisamos Cainaba, el final de la ruta.
   Ya en casa después de una reconfortante ducha y con todo el material ordenado, limpiado y secando la sensación es la de haber disfrutado de otro buen día de monte. Lo más fácil, incluso lógico,  hubiese sido quedarse en casa pero como en tantas otras cosas la constancia tiene su recompensa final. Hay que intentarlo siempre, hay que saber guarecerse bajo el gore y esperar que la montaña nos sorprenda con su magia. Ahora aún más reafirmados en nuestra complicidad con la montaña  nos sonrreimos recordando los momentos de frío, niebla y esfuerzo a la vez que esperamos con mayor ilusión la proxima ocasión para volver a caminar por sendas que se pierden horizones infinitos.